Hound dog

Publicado: noviembre 17, 2010 en Even now

Dice el dicho que “conocimiento es poder”; si no, de qué otra forma se puede explicar que “más sepa el diablo aunque sea viejo”, que “la gallina del cuento busque cruzar la calle” o que “sea Guadalajara la tierra donde se dan los hombres”. Todo se descubre con las preguntas correctas en el tiempo adecuado y en circunstancias propicias.

Aunque, con más interés en la cuestión, ¿de qué sirve el conocimiento? Esta pregunta lleva nada importante así, sola; aunque, ¿de qué sirve el conocimiento cuando se aglutina en personas que lo ven como la excusa idónea para ser foco de atención? Claro, de nada. Es lo mismo si éste se transmite o no, al final importa en sí –el conocimiento- haciendo a un lado su alrededor.

En fin, como sea, siempre hay quienes lo desean o se perturban de no tenerlo. Ahora bien, detengámonos en éstos, en los que por más que lo buscan, “nelson”, no se les da y pretenden contar con él. A ellos los nombramos “faroles”.

Deténgase un momento, tome un respiro y haga memoria… ¿listos… a cuántos de esta progenie “conoce”? Imagino que a varios o, en su defecto, si cree que el mundo es perfecto y regido por la dulce fragancia del amor, lamento decirle que… “nelson”. Las cosas no siempre son adorables. Pero como en este punto ya se encontrará “picado”, ¿cómo identificamos a un “farol”? Fácil, depende de un segundo de observación y una –más- habilidad nada complicada.

En primer lugar, los “faroles” siempre buscarán el instante justo en que, si una reunión no los convoca, interrumpir la charla y hablar hasta que el gañote les seque las pocas ideas que sobre el tema se trate. La mayor parte de las ocasiones es recomendable dejarlos que se inspiren, pues de lo contrario seguir al punto de orillarlo a usted a fumar o escurrir la bilis en el baño más cercano. Lo sentimos, no hay de otra.

Al cumplirse el punto, el “farol” impondrá su punto de vista con un súbito y vano “estarás de acuerdo”, y no porque maneje los tiempos de la conversación, sino para que el resto de los escuchas den por sentado sus comentarios. ¡Cuidado! No lo contradiga: corre el peligro de que se sienta en confianza para, sí… seguir hablando. Lo sentimos. No hay de otra.

Si el tema le es familiar, el “farol” recordará de inmediato alguna referencia descrita en el último número de Muy interesante consultado en su página web, ya que su limitada inferencia no le da para más al desconocer la clasificación bibliográfica de su librería de cabecera, que no es otra cosa que el puesto de revistas de “doña Mago”. ¡Cuidado! Está en peligro. Si de casualidad ignora los puntos anteriores, le recomendamos pensar de inmediato en su actriz porno favorita o el momento en que supo que la selección natural tiene, como todo, un paso previo.

Ahora bien, el “farol” tiene una gran habilidad para cambiar de personalidad: puede cambiar de profesión en cuestión de segundos; ser abogado, corredor de bolsa, empresario o cualquier apodo que hará que unos más lo conozcan como “licenciado”. No interfiera en esto. Es peligroso. Estudios recientes demuestran que si es descubierto en su farsa, pretenderá burlarse del hecho descrito, sin importar nada.

Una cosa más: el “farol” tiene pésimos gustos para combinar su ropa, hará amistades con “gente” importante e interpretará una buena comedia al fingir conversaciones por teléfono en dos vertientes: una pelea de pareja para llamar la atención de quien se le atraviese o, en su defecto, integrándose en círculos selectos de “amigos” con quienes aparece en fotografías y comparte unas “chelas”, no así una plática que no involucre teorías culturales.

Una cosa más, el “farol” es bueno par dirigirse en público, modula bien la voz y siempre ve a los ojos en señal de un “excelente” manejo de la situación; su trabajo le ha costado ser quien es. No lo critique, puede ser una gran persona, especialmente cuando se nota su ausencia en lugares de trabajo, escuelas y actividades diarias, aunque no lo disfrute mucho, el “farol” siempre tiene orejas en todos lados y sabe bien cuando las situaciones no le benefician.

Finalmente, y como debe ser su hartazgo como el mío, el “farol” es traicionero, aberrante y saca ventaja hasta de la posición del excusado. El “farol” sufre de un terrible mal conocido como lamebolus escotus. No lo confronte, déle su lugar en la cadena alimenticia y sea feliz.

Si reconoce personas con estas características, aléjese rápido y vacúnese lo antes posible. El mal puede ser contagioso, en especial de nueve a seis de la tarde…

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comentarios
  1. mome dice:

    Muy buen post amigo como es redivertido conocer este tipo de personitas hehehe…

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