She’s got loving like quicksand

Publicado: agosto 4, 2012 en Cine y música

No los escuché con gritos ni jadeando el nombre de Frank Zappa en alguna de sus letras, ni mucho menos con ciertas notas que podrían ser un “jingle” para quien se lo propusiera. No, definitivamente, lo primero que escuché de Deep Purple fue algo que despertaba esa virtud de Jon Lord cuando se montaba al teclado: “Hush”.

Deep Purple, entonces, no representó más interés que esa canción, aunque el coro no se atrevió a dejar dudas sobre lo pegajoso que un “na, na, na, na” puede ser mientras se repita cualquier cantidad de veces. Por supuesto, aún lo es y, probablemente, “Hush” sea uno de esos mantras al estilo de la propia “Hey Jude” que levanta el ánimo no a cualquier hijo de vecina.

A finales de los sesenta, antes de que el grupo adoptara la moda de la siguiente década, se podía ver a Lord usando mostacho, el cabello esponjado y las gafas oscuras que contrastaban con los colores –un tanto eléctricos- de los trajes “discretos” que habrían de convertirse en canon, justo unos meses después del “verano del amor” americano.

“Hush”, era una de las canciones que a menudo se dejaban programar en “Oro Sólido”, cuando Radio Oro –antes de cambiar hasta la imagen institucional- era la estación de rock clásico que impactaba, porque lo mismo proyectaban ABBA que los ZZ Top o versiones italianas de pop que amarraban a cualquier hora del día. Sin embargo, en los noventa, así fue como se me dio descubrir a Deep Purple.

Insisto, no era que me apasionara pero, siempre, la primera canción tiene un detalle especial que se amalgama con otro y tal fue el caso de “A whiter shade of pale”, de Procol Harum. Ambos grupos, siendo ingleses, habían absorbido las influencias psicodélicas británicas de lo que bien pudiéramos conocer como “la tercera ola inglesa”.

Las dos primeras habían llegado justo a tiempo para hacer la competencia directa a los grupos estadounidenses que se apropiaban del público juvenil de todo Occidente. En la primera ola inglesa, figuraban The Beatles, The Rolling Stones, Herman’s Hermits, Peter & Gordon, The Hollies, The Kinks, entre otros, ya iniciada la década de los sesenta.

A la postre, hacia 1966, con más que el camino abierto, Cream y Eric Burdon & The Animals dejaron la marcha para que Procol Harum, Deep Purple, Led Zeppelin, Yes, Black Sabbath –más los que se acumularon- continuaran a la “easy rider” para terminar la década.

En el caso de Deep Purple –con Jon Lord- y Procol Harum –con Matthew Fisher- el uso de los teclados no era un artificio, sino que se convirtieron en el soporte que mantenía la estructura de toda la instrumentación y, mejor aún, desde sus primeros álbumes respectivos, ya dejaban ver sus rúbricas personales: “Shades of Deep Purple” y “Procol Harum”.

Ambas grabaciones son un gran ejemplo del trabajo experimental que a finales de los sesenta comenzaron a afianzarse gracias a la psicodelia británica, sin embargo, haciendo a un lado la mezcla de sonidos, dejaban ver ciertas influencias. Por ejemplo, en “Shades of Deep Purple”, The Beatles, figuran con un cóver de “Help!”, esa misma canción que fue título de película, disco y hasta la semibiografía de Lennon cuando se dio cuenta que la panza le crecía y sus depresiones eran más comunes.

Luego, “Procol Harum”, de Procol Harum, tristemente recordado porque en la versión original del acetato no se incluía “A whiter shade of pale”, misma que sólo fue sencillo del álbum y que se hizo famosa en Gran Bretaña porque en “Top of the pops” –su equivalente a “Siempre en domingo”- el grupo la tocaba mientras las parejitas intentaban bailarla como un vals de despedida, en cierto modo, al estilo de The Moody Blues y su “Nights in white satin”.

Lo cierto es que las influencias que ambos grupos recibieron fueron determinantes para irles dando el toque definitivo para el concepto musical por el que son recordados. Procol Harum, se afianzó como una banda de rock progresivo, con letras profundas e instrumentaciones bastante cuidadas, que lo mismo ofrecían sonidos de marimba y flautas, que otras fuertes y secas sin llegar plenamente a lo estridente.

Deep Purple, sin embargo, se aseguró un lugar como una verdadera “hard rock band” con distorsiones saturadas e historias que en nada envidian a las de Keith Moon, baterista de los eternos The Who, y quien lo mismo atropellaba que metía su auto en piscinas de hoteles, claro que preferían las anécdotas menos sencillas, como el incendio del Casino Montreux durante uno de los conciertos de Frank Zappa (“Smoke on the water”).

En cualquier caso, “Shades of Deep Purple”, es un álbum de culto que nada le pide a cualquier “opera prima” de alguna banda estadounidense, pues el sonido “strong” bien le da batalla al que se le ponga en frente.

Aunque nada cercano a una semblanza serviría si no vale la pena recordar a Jon Lord, quien el pasado 16 de julio de este año murió, cerrando una parte necesaria de esta cronología musical y de la contracultura durante más de cuarenta años.

Jon Lord, perteneció a una generación que basó toda su ideología en dos formas de vida: No confíes en nadie mayor de treinta años y vive lo suficiente como para arrepentirte… sino, jamás habría valido la pena.

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